Nuestra implicación en la gratificación de los sentidos atrae nuestra conciencia hacia el cuerpo físico.

Como un cuerpo muerto no siente ni placer ni dolor, nuestra felicidad y nuestra angustia se deben a nuestra propia conciencia, que refleja la naturaleza del alma. Sin embargo, la función original del alma no es disfrutar de la felicidad material ni sufrir la angustia material. Estas experiencias surgen de la ignorancia, el apego material y la animosidad arraigada en un falso sentido del yo. Nuestra implicación en la gratificación de los sentidos arrastra nuestra conciencia al cuerpo físico, donde inevitablemente se enfrenta a incomodidades y desafíos. En el plano espiritual, no hay ni felicidad ni angustia material, porque la conciencia viviente está enteramente dedicada al Señor Supremo, libre de deseos personales. Esto representa la verdadera felicidad, desapegada de la errónea identificación corporal. En lugar de dirigir la ira hacia los demás debido a la insensatez personal, uno debe perseguir la autorrealización para afrontar los retos de la vida.

Fuente: A.C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada (edición 2014), «Srimad Bhagavatam», Undécimo Canto, Capítulo 23 – Texto 52.