La felicidad material es, en realidad, otra forma de castigo.

Aunque frecuentemente interpretamos erróneamente la gratificación material como la máxima recompensa de la vida, en verdad es otro tipo de sufrimiento que empuja a las personas a perpetuar el ciclo de nacimiento y muerte. En las prisiones occidentales, los delincuentes violentos a menudo son confinados en régimen de aislamiento, mientras que aquellos que se comportan bien pueden disfrutar de ciertos privilegios, como trabajar en el jardín o en la biblioteca del alcaide. Sin embargo, cualquier experiencia dentro de una prisión, en última instancia, actúa como un castigo. De igual manera, los diferentes niveles de gratificación material no logran revelar la verdadera recompensa de los seres vivos, que debe ser lo opuesto natural al sufrimiento inherente a la existencia material. Esa verdadera recompensa es una existencia eterna colmada de felicidad y conocimiento en el reino de Dios, libre de castigo. El reino de Dios, conocido como Vaikuṇṭha, simboliza el placer incondicional. En el ámbito espiritual, no hay castigo; es un reino de alegría en constante expansión.

Fuente: A.C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada (edición 2014), «Srimad Bhagavatam», Undécimo Canto, Capítulo 03 – Texto 21.