La pureza o impureza de un objeto puede determinarse por su combinación con otras sustancias.

La pureza o impureza de un objeto se define a través de sus interacciones con otros objetos, las palabras pronunciadas, los rituales, el paso del tiempo o el tamaño relativo. Por ejemplo, un paño se purifica con agua pura y se ensucia con orina. Las palabras de un brāhmaṇa virtuoso se consideran puras, mientras que los sonidos de un materialista están empañados por los deseos y la envidia. Un santo devoto ilumina a los demás hacia la verdadera pureza, mientras que un no devoto difunde afirmaciones engañosas que conducen a individuos inocentes a acciones contaminadas y pecaminosas. Los rituales destinados a complacer al Señor Supremo se consideran puros, mientras que las ceremonias materialistas tienden a empujar a los participantes hacia comportamientos mundanos y demoníacos. El término saṁskāreṇa sugiere que la pureza o impureza de un objeto se evalúa según las pautas rituales. Por ejemplo, una flor destinada al culto de una deidad debe purificarse con agua, y las ofrendas de alimentos o flores que han sido previamente olidas o saboreadas se consideran impropias. El concepto de kālena indica que algunas sustancias adquieren pureza con el tiempo, mientras que otras se contaminan. Por ejemplo, el agua de lluvia se considera pura al cabo de diez días y, en caso de emergencia, al cabo de tres. Por otro lado, algunos alimentos se estropean con el tiempo y se vuelven impuros. Mahatva indica que las grandes masas de agua permanecen incontaminadas, mientras que alpatayā significa que una pequeña cantidad de agua está sujeta a contaminación o estancamiento. Del mismo modo, un alma grande no se contamina por encuentros fugaces con individuos materialistas, mientras que una persona con poca devoción puede ser fácilmente influenciada y conducida hacia la duda por influencias negativas. Así, mediante la combinación de sustancias, palabras, rituales, tiempo y tamaño, se puede determinar la pureza y la impureza de todos los objetos.

Śrīla Viśvanātha Cakravartī Ṭhākura señala que, aunque los alimentos impuros o en mal estado están generalmente prohibidos para las personas corrientes, pueden ser aceptables para quienes carecen de fuentes alternativas de sustento.

Fuente: A.C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada (edición 2014), «Srimad Bhagavatam», Undécimo Canto, Capítulo 21 – Texto 10.