El árbol de la existencia material.

El árbol de la existencia material consta de dos semillas, muchas raíces, tres troncos inferiores y cinco troncos superiores. Produce cinco sabores y tiene once ramas con un nido habitado por dos pájaros. El árbol está envuelto en tres tipos de corteza, da dos frutos y se eleva hacia el sol. Los que persiguen los placeres materiales y se dedican a la vida familiar comen uno de los frutos, mientras que los que renuncian a tales apegos, asimilados a cisnes, disfrutan del otro. Las dos semillas de este árbol simbolizan las acciones pecaminosas y virtuosas, mientras que las innumerables raíces representan los múltiples deseos materiales que atan a los seres vivos al reino material. Los tres troncos inferiores encarnan los tres gunas (modos) de la naturaleza material, y los cinco troncos superiores significan los cinco elementos físicos. El árbol produce cinco sabores: sonido, forma, tacto, gusto y olfato, y sus once ramas incluyen los cinco sentidos de la acción, los cinco sentidos de la percepción y la mente. Los dos pájaros simbolizan el alma individual y el Alma Suprema, que coexisten en este árbol, mientras que los tres tipos de corteza corresponden al aire, la bilis y la mucosidad, los elementos esenciales del cuerpo. Los dos frutos de este árbol son la felicidad y el sufrimiento.

Los individuos absortos en el placer de la compañía de mujeres hermosas, la riqueza y otros placeres ilusorios saborean el fruto de la infelicidad. Es importante reconocer que incluso en los reinos celestiales se encuentran la ansiedad y la mortalidad. Por el contrario, quienes han abandonado las aspiraciones materiales y han emprendido el camino hacia la iluminación espiritual saborean el fruto de la felicidad. El contacto con los verdaderos guías espirituales permite comprender que este complejo árbol no es más que una manifestación del poder externo de la Suprema Personalidad de Dios, que en última instancia es absoluto y único. Si uno puede percibir al Señor Supremo como la causa fundamental de todo, entonces su comprensión es verdaderamente refinada. Sin embargo, si uno permanece atascado en rituales Védicos o filosofía especulativa sin reconocimiento del Señor, no ha alcanzado la realización última en la vida.

Fuente: A.C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada (edición 2014), «Srimad Bhagavatam», Undécimo Canto, Capítulo 12 – Texto 22-23.