El matrimonio entre diferentes castas era corriente incluso en la antigüedad.

Es esencial comprender que es gracias a la voluntad divina que podemos encontrar a una compañera que colme nuestras aspiraciones. Del mismo modo, es gracias a esta misma gracia que una joven puede esperar un marido que sea digno de ella. Así pues, debemos rezar al Señor Supremo para que guíe nuestras acciones y garantice que todo se desarrolle conforme a nuestros deseos. En otras palabras, debemos buscar siempre refugio en la Suprema Personalidad de Dios y someternos a Su voluntad. Los humanos hacen planes, pero es Dios quien dispone. Por lo tanto, la realización de nuestros deseos debe dejarse en manos de la Autoridad Suprema; ésta es la solución más sabia. Kardama Muni sólo buscaba una esposa, pero como devoto ferviente, el Señor le concedió una esposa que era hija del emperador, una verdadera princesa. Así que Kardama Muni recibió una esposa más allá de sus expectativas. Si nos sometemos a la elección de la Suprema Personalidad de Dios, seremos colmados de bendiciones mucho mayores que nuestros deseos. También hay que señalar que Kardama Muni era brahmana, mientras que el emperador Svayambhuva pertenecía a la casta ksatriya. En consecuencia, las uniones entre castas eran habituales en aquella época. El sistema estipulaba que un brahmana podía casarse con la hija de un ksatriya, mientras que un ksatriya debía obtener un permiso especial para casarse con la hija de un brahmana. Así pues, aunque los matrimonios entre castas no estaban prohibidos hace millones de años, se respetaba un marco social regular.

Fuente: A.C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada (edición 2014), «Srimad Bhagavatam», Tercer Canto, Capítulo 21 – Texto 28.

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